Presentación

La obra que se despliega ante nosotros, con la majestuosidad del Concierto para dos pianos y orquesta de Francis Poulenc, nos transporta a las luminosas alegrías de la infancia.
Un canto que, lleno de belleza y vitalidad, se desborda en una energía indómita y fuerte, celebrando la danza perpetua del Sol que ilumina el día, la luz que da forma a nuestros sentidos y la generosa Naturaleza, que nos rodea.
En la pureza de la niñez, la conexión con el entorno natural es tan profunda y enriquecedora que se convierte en una fuente vital de emoción y vivencia auténtica. Sin embargo, con el paso del tiempo, este vínculo se diluye y se pierde, dejando un vacío en el alma.

¿Será esta pérdida, esta desconexión con la fuente de nuestra emoción más primaria, lo que nos ha conducido a la realidad que hoy habitamos?